miércoles, 5 de octubre de 2011

Preguntas y justificaciones

Hace poco un amigo me dijo que el amor no correspondido tiene que justificarse siempre, que es un amor obligado a responder a preguntas como ¿por qué me quieres? y presentar alegatos a afirmaciones como no me conoces.
Para explicarme esta teoría puso como ejemplo que si dos personas se gustan nada más conocerse ninguna esgrimirá el no me conoces para neutralizar el amor del otro, porque no es conveniente. Por el contrario, pobre del que se encuentre solo en su deseo, me dijo, pues tendrá que explicarse y justificarse continuamente: Me gustas por esto, todas mis razones son válidas. Como si fuera una fórmula matemática que debe demostrar.
Incluso hay casos en los que el ridículo llega al extremo. Casos en los que hay que narrar el momento exacto en el que el/la acusado se enamoró de el/la demandante: Sí, fue cuando te tocaste el pelo por tercera vez y luego te rascaste un poquito la nariz, entonces me enamoré de ti.

Pero yo ya le he dicho que, a veces, estas preguntas se hacen sólo porque uno quiere saber, ¿o no?. Yo a un chico le pregunté en cierta ocasión: ¿por qué te gusto? y no porque no fuera mutuo, que ya entonces estaba yo rendida a sus encantos (de hecho, esto fue en la cama), ni por poca autoestima (a pesar de que podría ser el caso), sino porque nunca me había dicho nada al respecto y me daba la impresión de que le gustaba 'porque sí', y a mí los 'porque sí' y los 'porque no' nunca me han gustado nada, que bastante arbitraria es ya la vida como para que colaboremos con ella. Así que después de follar le pregunté. Recuerdo que me miró con sincero asombro y me preguntó si lo decía en serio. Contesté que sí. Él sonrió y me dijo todo lo que le gustaba de mí. Un montón de cosas que sentaban fabulosamente bien al ego. Pero, como era de esperar, no consigo recordar ni una palabra.

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