lunes, 3 de octubre de 2011

Literatura

El bibliotecario se levanta cada mañana en una habitación de paredes blancas que bien podrían ser las páginas de algún libro aún no escrito, pero que no son más que argamasa, yeso y ladrillos. Tras asearse, desayuna apaciblemente en la cocina un chocolate caliente, tan negro como la tinta de la pluma de algún escritor apegado a las viejas costumbres. Después, sale de casa hecho un pincel (en este caso nada tiene que ver la cosa con la literatura, a no ser que pensemos en algún autor oriental). El bibliotecario pasa todo el día rodeado de libros escritos por otros. Tanta literatura en mi vida, piensa él.

Un chico se le acerca y le pregunta si tiene la 'Enciclopedia galáctica', de Hari Sheldon. Ese libro no existe, es una invención de Asimov, dice el bibliotecario. ¿Cómo que no existe?, dice el joven con indignación. Luego una chica le pide 'Les contemplations' de Victor Hugo. En la sección de poesía francesa, contesta el bibliotecario. No está, ya he mirado, responde ella. Entonces es que se lo habrán llevado. "Pues... ¿y de Hugo Dannenberg no tenéis nada?, pregunta la chica. Poesía francesa y ciencia ficción, piensa el bibliotecario, curiosa muchacha. Sí, 'Vientos de Saturno' y 'Dios habla en estéreo', le responde.

Ella le da las gracias y se marcha a buscar los libros, él piensa que sería bonito estar con una chica así, aunque sabe que no puede ser. Tal vez en las páginas de alguna novela, piensa, pero no en la vida real.

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