Vengo a establecer la premisa
de que el Verbo es de quien lo escribe,
que las letras giran en su elipse
y las palabras conforman un sistema de esferas.
Sagrado es el tributo
de quien da su tiempo a la tinta y a las plumas
que llevan la piel tatuada de quien teclea
--vosotros dioses de este Olimpo hipertextual--.
Sin embargo el que profana y hace dogmas
con el rito,
sólo enmudece a la sabiduría legendaria.
Anónimos demonios,
que no serán nunca ángeles caídos.
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