... arroyos turbulentos,
mares de culpas y normas por cumplir.
Anhelos, deseos perdidos
repatriados al olvido, en pateras quebradizas
de ida y vuelta.
Éste es el mundo de la desolación y
la tristeza, de la soledad mal entendida,
del silencio a destiempo y las palabras distendidas, huecas.
Donde las mentes desiertas y los cuerpos perfectos
campan a sus anchas, como manadas en celo
de elucubración y alago.
Donde todos somos expertos de nada, porque nada tenemos,
porque en nada vivimos y en nada soñamos.
Me hizo pensar...
ResponderEliminarÁnima mía, leve, a mi custodia,
tú que lates
en todo lo que late y en lo inerte,
anima en mí
el gusto de vivir que a ti te alumbra,
mi criatura carnal, pero incorpórea.
Es de Carlos Marzal.
Un abrazo.