Hoy aprendí a llorar;
brotaron de mis ojos
sedientas lágrimas de mar.
Hoy aprendí a gritar;
se rompió la quietud,
se inclinaron los sauces y
los cauces de los ríos rebosaron.
Los espejos se resquebrajaron,
se rompieron en mil pedazos.
Y ya no le temo a mi fortuna,
divina diosa de la desgracia.
A ella encomendé mi alma
y mis parpados de secaron.
Hoy aprendí a llorar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario