Cada pequeño hueco de su alma parecía condenado por una densa capa de polvo. A su alrededor sólo silencio y telarañas expandiéndose por los marcos de las puertas, por las ventanas, por las ranuras, las grietas de las paredes, las heridas... Ella sopló despacio intentando despejar alguna posibilidad, por remota que fuera. Pero su poso llevaba demasiado tiempo sedimentándose por todas partes. Barrió una sombra sobre el espejo y contempló su rostro al otro lado. El cristal le devolvió un reflejo vidrioso, demasiado turbio incluso para reconocerse.
Miró fijamente el vacío de su cuerpo y tuvo la conciencia exacta de las huellas inexorables del paso del tiempo, sobre todo de las que habían quedado marcadas a golpes en su corazón.
Miró fijamente el vacío de su cuerpo y tuvo la conciencia exacta de las huellas inexorables del paso del tiempo, sobre todo de las que habían quedado marcadas a golpes en su corazón.
Como el agua...
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