Nosotros, los jóvenes, queremos cambiar un mundo gobernado por señores que también quisieron cambiarlo y acabaron pasándose al enemigo. Pero nosotros no seremos como nuestros padres, que también fueron jóvenes y terminaron derrotados. No. Tenemos la fe ciega de quienes no saben que acabarán siendo unos cínicos. Somos la fuerza y la esperanza de quien sólo contempla la victoria, pues la alternativa es terrible: mirar con desaprobación a los ilusos que lo intenten después de nosotros.

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