domingo, 6 de marzo de 2011

La bella y el enemigo

La observo a lo lejos, como una batalla perdida de antemano, y me sigue pareciendo igual de insultantemente bella y frágil. Totalmente ajena a mis chapurreos mentales, ella balancea la cabeza mientras escucha música, distraída. Yo me limito a masticar mi amor y mi rabia.
- Es más que guapa, ¿a que si?
Es el colmo de la belleza indecente. Cuando la observo todo parece tan obsceno a su alrededor. Se ríe y en su sonrisa creo ver algo caprichoso y travieso. Se me ocurre que el resto del mundo es irrelevante cuando una mujer así deja que la mires.
- Sí, mucho
Me fui a casa en seguida, tarareando bajito a Vegas. 
Él volvió el sábado a las once, inquieto y ojeroso. Tenía la mirada esquiva y los dedos cansados. Aún tenía, enredados en el pelo, trocitos de una sonrisa caprichosa y traviesa.

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